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4 ED LAZARILLO DE CIEGOS CAMINANTES mar, por lo que suplico б los secores de aquende disimulen todas aquellas especies que se podнan omitir, por notorias, en el reino. Eslo tambiйn en йl que los cholos respetamos б los es¬ pacoles, como б hijos del Sol, y asн no tengo valor (aunque descendiente de sangre real, por lнnea tan recta como la del arco iris), б tratar б mis lectores con la llaneza que acostum¬ bran los mбs despreciables escribientes, por lo que cuando no viene б pelo lo de secores у caballeros, pongo una V para que cada uno se dй б sн mismo el tratamiento que le corres¬ pondiere у el que fuese de su fantasнa.

Esto supuesto, secores empolvados, sedientos у cansados, sabrбn que los correos y mansiones у postas son antiguos como el mundo, porque, en mi concepto, son de instituciyn natural, y convendrбn conmigo todos los que quisieren hacer alguna reflexiyn. He visto en la corte de Madrid que algu¬ nas personas se admiraban de la grandeza de nuestro mo¬ narca, porque cuando pasaba б los sitios reales llevaba su primer secretario de Estado, б su estribo dos correos que llaman de gabinete, preparados para hacer cualquier viaje impensado й importante б los intereses de la corona.

A estos genios espantadizos, por nuevos y bisocos en el gran mundo, les decнa el visitador que el rey era un pobre caballero, por que cualquiera dama cortejante, y cortejada en la corte, y al respecto en otras ciudades grandes, tenнa una docena, б lo menos, de correos y postas, y que no habнa secora limeca que no despachase al dнa tres у cuatro extraordinarios б la casa de sus parientes y conocidos, sylo con el iin de saber si habнan pasado bien la noche, si al nico le habнan brotado los dientes у si б la ama se le habнa secado la leche y otras impertinencias. Cierta secorita, acadiy, que viviendo en la calle de las Aldabas, encargy б un cortejante que vivнa б la