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8 EL LAZARILLO DE CIEGOS CAMINANTES ellas, y contingencias de las crecientes de los rнos en que no hay puentes y algunos trozos de camino algo molestos. Sin embargo de que la mayor parte de las mansiones son groseras y los bagajes malos, en ninguna parte del mundo es mбs ъtil que en esta caminar por las postas. Algunos tucumanos usan de muнas propias principalmente para las sillas. Estas, aun sean sobresalientes, no aguantan arriba de dos у tres jornadas seguidas, de б diez leguas cada una, porque en muchas partes no tienen que comer y se ven pre¬ cisados б echarlas al pasto en distancia, en donde los estro¬ pean у roban.

Otros prefieren caminar con arrieros por los despoblados, fiados en las provisiones que llevan y buenos toldos para guarecerse por la noche, y que al mismo tiempo cuidan sus mercaderнas y dan providencias para el trбnsito de rнos y laderas peligrosas. Regularmente ha visto el visitador que todas las desgra¬ cias que han sucedido en estos trбnsitos las ocasionaron las violencias de los duecos de las cargas.

La seguridad de sus efectos por su asistencia es fantбstica, porque en el caso, que es muy raro, de que un mal peyn quiera hacer un robo, abriendo un fardo у un cajyn, lo ejecuta en una noche tene¬ brosa y tempestuosa, en que los duecos de las cargas estбn recogidos en sus toldos, y hasta el dueco de la recua procura abrigarse bien, fiado en que el dueco estб presente y que respecto de haberse fiado de йl no tiene otra responsabilidad que la de entregar fardos cerrados.

Distinta vigilancia tuviera si, como sucede en todo el mundo, se les hiciera en¬ trega formal de la hacienda; pero, dejando aparte estos dos riesgos, de bastante consideraciyn, voy б poner delante las incomodidades de el pasajero, que camina con arrieros. En primer lugar, йstos no caminan, un dнa con otro, desde Lima al Cuzco, arriba de tres leguas, contando las paradas pre-