Panasonic — El lazarillo de ciegos caminantes desde Buenos Aires hasta ...

22 EL LAZARILLO DE CIEGOS CAMINANTES como no estorban las barbas para llorar, no impiden las canas para mentir. Con estos aparatos y otros casi infinitos se escribieron todas las historias antiguas y modernas. Los eruditos ponen las primeras en la clase de las fбbulas, y б las segundas las comparan б las predicciones de los astry¬ logos, con la diferencia de que йstos, como conferencian con los dioses, anuncian lo futuro, y aquйllos, no pudiendo consultar mбs que con los mortales, solo hacen presentes los sucesos pasados.

Supuesta, pues, la incertidumbre de la historia, vuelvo б « decir, se debe preferir la lectura y estudio de la fбbula, porque siendo ella parto de una imaginaciyn libre y des¬ embarazada, influye y deleita mбs. El hйroe que propone es, por lo general, de esclarecida estirpe, hбbil, robusto, diligente y de agradable presencia. Insensiblemente le em¬ peca en los lances de peligros. Le acusa sus descuidos y algunas veces los castiga con algъn suceso adverso, para que el honor le corrija, y no el miedo. Jamбs le desampara ni pierde de vista.

En los lances y empresas en que no alcanzan las fuerzas humanas, ocurre б las divinas, por medio de las cuatro principales cartas de aquella celestial baraja. Juno y Venus, rivales desde la decisiyn del pastor de Ida, siguen opuesto partido, procurando cada una traer al suyo al altisonante Jъpiter que, como riguroso republicano, apetece la neutralidad; pero deseando complacer б las dos coquetas, arroja rayos ya б la derecha, ya б la izquierda, en la fuerza del combate, para que quede indecisa la vic¬ toria. La implacable Juno abate toda su grandeza, supli¬ cando б Eolo sople, calme у se enfurezca. La vizca manda б Marte, como Proserpina б un pobre diablo.

Palas no sale de la fragua del cojo herrero hasta ver б su satisfac-