Panasonic — El lazarillo de ciegos caminantes desde Buenos Aires hasta ...

De este modo se hacen tolerables los dilatados viajes. El que quisiere caminar mбs, haga lo que cierto pasajero ejecu¬ ty con un indio guнa. En la primera cruz que encontry hizo PROLOGO 11 su adoraciyn y echy su traguito y diy otro al indio, que iba arreбndole una carguita, y la hizo doblar el paso. Llegy б otra cruz, que regularmente estбn йstas en trivios у altos de las cuestas. Luego que divisy la segunda cruz y se acercy б ella, dijo al espacol: Caimi cruz, y detuvo un rato la muнa de carga, hasta que el espacol bebiy y le diy el segundo trago, llegy, finalmente, б una pampa dilatada de casi cua¬ tro leguas, y viйndose algo fatigado б la mitad de ella, dijo el indio:

Espacol, caimi cruz, se quity el sombrero para ado¬ rarla y dar un beso al porito, pero no viy semejante cruz, por lo que se viy precisado б preguntar al indio: ї En dynde estaba la cruz, que no la divisaba? El indio se limpiy el sudor del rostro con su mano derecha, y con toda celeridad Wanty los brazos en alto y dijo: Caimi secor. El espacol, que era un buen hombre, celebry tanto las astucias de el indio que le dobly la raciyn, y el indio quedy tan agradecido que luego que llegy al tambo, refiriy б los otros mitayos la bondad de el espacol, y al dнa siguiente disputaron todos so¬ bre quiйn le habнa de acompacar.

El visitador me asegury varias veces que jamбs le habнa faltado providencia alguna en mбs de treinta y seis acos que casi sin intermisiyn habнa caminado por ambas Amйricas. Aun viniendo en el carбcter de visitador de estafetas y pos¬ tas, sentaba б su mesa al maestro de ellas, aunque fuese indio, y la primera diligencia por la macana era contar el importe de la conducciyn y que se pagase б su vista б los mitayos que habнan de conducir las cargas, y б cualquiera indio que servнa para traer agua у leca, le satisfacнa su tra¬ bajo prontamente, y asн quedaban todos gustosos y corrнa la