12 EL LAZARILLO DE CIEGOS CAMINANTES noticia de posta en posta, y nada faltaba ni le falty jamбs en el tiempo que caminy como particular, disimulando siem¬ pre la avaricia de los indios y sus trampillas propias de gente pobre. Quisiera preguntar б los secores pasajeros, asн euro¬ peos como americanos, el fruto que sacan de sus arrogancias? Yo creo que no consiguen otra cosa que el de ser peor servi¬ dos y exponerse б una sublevaciyn lastimosa. Cualquiera maestro de postas puede burlar б un pasajero, deteniйndolo tres y cuatro dнas, porque le sobran pretextos, bien у mal fundados. Por otro lado, la paga no es la mitad de lo que merece un trabajo tan violento:
una muнa con un guнa б real y medio por legua, no tiene de costo treinta y cinco pesos cabales, y se puede hacer un viaje sin fatiga, desde Lima al Cuzco, que es la carrera mбs pesada, por lo fragoso del camino, en quin¬ ce dнas, durmiendo todas las noches bajo de techo. Un arriero que tarda muchas veces ochenta dнas, salvo otras con¬ tingencias, cobra treinta pesos por una carga regular de doce arrobas, en que ahorra un pasajero cinco pesos, que no equi¬ valen б la detenciyn de mбs de dos meses. La equidad de las postas y mucha utilidad que resulta al pъblico, es mбs visible en la conducciyn de una peara de efectos de Castilla.
Esta tiene de costo, conducida por los arrieros en el mismo viaje, trescientos pesos y por las postas doscientos setenta y nueve, porque para diez muнas cargadas son suficientes cua¬ tro mitayos, que ganan б medio real por legua, y aunque el pasajero comerciante distribuya los veintiъn pesos en grati¬ ficaciones para el mejor y mбs pronto avнo, logra las ven¬ tajas siguientes: La primera es la de conducir sus cargas con seguridad de robo, porque caminando con ellas todo el dнa las asegura de noche en el cuarto de las mansiones.